Harta ya un poco leer a gente que tiene un odio visceral al señor Richard Stallman. La última noticia de la charla del fundador de la FSF y creador del sistema operativo GNU en Redmond ha dado pie a un intenso y acalorado debate sobre un supuesto cinismo de Stallman por dar una conferencia desde el infierno.

No importa lo que haya dicho. No. Si no el hecho de estar allí hace suponer que se ha vendido al Diablo.

Los detractores de Stallman son los enemigos de GNU. Son esa raza de víboras que desean convertir nuestro sistema operativo en un vertedero de basura como Windows. Esos que defienden que una distro GNU venga de serie con software cerrado. Esos que pululan por blogs que ven positivo que GNU/Linux traiga cosas como Skype, Amazon, Vivaldi, enlaces a MS Office y Opera porque los marichulos devs son los más guays del mundo y Firefox, Chromium o Libreoffice están ya muy vistos. Los cantamañanas que crean distros y meten esos programas citados arriba para “ser diferentes a los demás”. Esos, esos son los enemigos de Richard Stallman.

Y si es necesario llamarlo “loco” pues le llaman loco. El loco cuerdo de mente lúcida que saca la poca vergüenza que habita en los sinvergüenzas a relucir. Ese Richard Stallman, ‘traidor de GNU’ que en casa del enemigo les dijo delante de sus narices que Microsoft es una gran compañía “si ignoras lo que están haciendo a la libertad de los usuarios”.

Stallman también dijo cosas “terroríficas contra el software libre” como una lista de deseos para Microsoft, que incluye hacer que GitHub lleve a los usuarios a mejorar la limpieza de las licencias de software, hacer que los fabricantes de hardware publiquen sus especificaciones de hardware y que sea más fácil evitar el arranque seguro.

No, Stallman no ha ido a vender ni a traicionar el software libre al destructivo Microsoft. Ha ido a recordarles que se debe de liberar el código. Ha ido a reprocharles y a decirles que juegan con la libertad de los usuarios. Ese es Richard Stallman. Y mientras, la jauría de traidores de GNU/Linux cargan contra él buscando un cinismo que no existe. Una jauría de perros rabiosos que buscan cómo humillarle para seguir atacando la filosofía del software libre. Hasta porque cobra por su charla como si no cobrara por TODAS.

No lo conseguirán porque a diferencia de la jauría, Richard es un hombre íntegro y honesto. Gracias a él y personas como él disfrutamos del software libre. Y gracias a sus detractores llegaríamos a un club de violadores y marichulos,  a un burdel donde se vende el cuerpo y el alma por dinero.

Gracias, Richard por dar de vez en vez una patada al avispero para que salgan las avispas rabiosas y las conozcamos.

 

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