La llama de la libertad no es para todo el mundo. Y debería de serlo, pero muchos son los llamados y pocos acuden a la llamada.

Esa llama de la libertad no es para todo el mundo porque muchos nacieron para ser esclavos. Dentro de los esclavos hay quienes quisieran ser libres, pero tienen miedo de si mismos y tienen miedo a la libertad. Por ello prefieren que su amo le traiga pan y agua y el esclavo desde los barrotes de su mazmorra alargará su brazo para tomar su porción de comida y bebida. Su amo le ofrece una mazmorra donde vivir, pan y agua. El esclavo está atado a su amo porque le trae pan, y agua, y aunque ni el pan, ni el agua ni la mazmorra pertenezcan a él, el amo es bueno porque le prometió que si estaba con él, tendría barrotes, pan y agua.

También dentro de los esclavos hay quienes, como aquellos víctimas del síndrome de Estocolmo, aman a su secuestrador. Eso se debe a que su secuestrador les da golosinas a cambio de aceptar el secuestro. El esclavo es inerte a los abusos del secuestrador. Puede ser mil veces violado pero entre medio de cada abuso, le ofrece una golosina.

La gente que vio y siguió la llama de la libertad querrá que los demás igualmente lo sean. Les indican a los esclavos el camino a seguir. Se les dice que al salir de la mazmorra quizás tengan que trabajar para conseguir pan y agua, pero no dependerán de los barrotes y las mazmorras. Se les aconseja que manden al diablo al secuestrador, que no están seguros en sus manos, que son maltratadores, que están ciegos de poder y dinero. Se le ofrece la libertad y si no quieren tomarla, es su problema, porque nacieron para ser lo que son. Pero nosotros intentamos advertirles.

Desconfiad, desconfiad siempre de quien os recomiendan las cadenas. Los sistemas operativos privativos son las mazmorras, el carcelero, el verdugo, el violador, el maltratador.

Y como siempre digo, no puedes defender la esclavitud y la libertad al mismo tiempo. Algunos estamos en la red para defender la libertad del software, de sus cuatro libertades. No debemos anunciar ni hacerle camino al carcelero, al maltratador, al violador. Y no es soberbia, es tener las cosas claras. Es defender lo más grande que ha existido en la computación: El software libre.

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